HAY MOMENTOS TAN FELICES QUE CASI HACE QUE SE BORREN LAS CICATRICES

Hoy ha sido domingo de limpieza en casa, de ordenar papeles y otras cosas que se acumulan. Va bien renovar de vez en cuando y tirar todo lo que no nos sirve realmente. A mi me da sensación de que muevo la energía estancada. Es como un ejercicio mental.

Ordenando he encontrado fotos mías embarazada.

Tantos recuerdos! No puedo dejar de sonreír al ver mi barrigota. Quedarme embarazada fue un triunfo, un sueño cumplido, una gran batalla ganada.

He colgado una foto en instagram y al rato he recibido un mensaje de una chica con Colitis con un reservorio con ganas de ser mamá, llena de miedos y dudas.

Yo estaba igual.

Un día decidí que quería ser madre y se abrió ante mí un camino lleno de obstáculos. Un camino largo y duro con momentos muy tristes y difíciles en muchos sentidos.

Tuve momentos de agotamiento, alguna vez pensé en desistir pero ya he contado que a “cabezota” no me gana nadie y pese a tener muchas cosas en contra, muchas,  empezando por mi cuerpo,  no quise rendirme y finalmente llegó mi recompensa.

Recuerdo mi embarazo como lo más extraordinario del mundo, como algo tan especial que nadie más pudiera sentirlo. Como si no hubiera habido jamás ninguna embarazada más que yo.

Mi barriga me ha dado lo peor y lo mejor de mi vida.

Pero lo bueno ha sido tan “mejor” que casi hace que se te olvide el resto.

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Hay momentos tan felices que casi hace que se borren las cicatrices.

Tania se puede. A veces el camino es fácil y otras más complicado y en ocasiones incluso no se puede llegar al final, lo se. Pero vale la pena recorrerlo. Vivirlo sin perderse ni un detalle.

Aunque solo hubiera una posibilidad entre mil de alcanzar la recompensa yo volvería al principio del camino sin pensarlo.